Queridas todos,
me alegra muchísimo comprobar que el IV Encuentro se ha cumplido, resistiendo a los múltiples embates del maligno, en quien Aliicia cree creer no creer. Aunque, siendo sincero, lo que realmente me hubiera llenado de orgullo hubiera sido la realización de esta ensoñación: en mi delirio os imaginaba a los seis en el restaurante sin poder hablar entre vosotros, hechizados, con la mirada perdida, esperando a Gordot y a sus dos amigos, ponente y preponente. Y no pudiendo soportarlo más, uno a uno, comenzando por las damas, estoicamente, sin hacer ruido, os vais suicidando, bebiendo la cicuta y cayendo todos en la misma posición sobre el plato de Puerro gratinado. ¡Qué imagen! ¡Mártires gastrosóficos! ¡Ahogados en puerro! Y en medio de la mesa, una pequeña nota colectiva rubricando el suicidio. Un papelito doblado, manchado uno de sus bordes de veneno y escrito en él el maravilloso poema que Fernando ha dedicado a quien os habla. ¡Qué imagen, repito! Y, en vez de semejante acción, como si de vulgaras lectoras de Telva se tratase, os dedicáis meramente a hablar de la muerte, en vez de probarla. ¡Cobardes! ¿Acaso titubeó Sócrates? ¡Qué ejemplo habéis dado! Os eché de menos. Me hubiera suicidado con mucho gusto con vosotros. Espero hacerlo el próximo día.
Un abrazo.
Rafa
me alegra muchísimo comprobar que el IV Encuentro se ha cumplido, resistiendo a los múltiples embates del maligno, en quien Aliicia cree creer no creer. Aunque, siendo sincero, lo que realmente me hubiera llenado de orgullo hubiera sido la realización de esta ensoñación: en mi delirio os imaginaba a los seis en el restaurante sin poder hablar entre vosotros, hechizados, con la mirada perdida, esperando a Gordot y a sus dos amigos, ponente y preponente. Y no pudiendo soportarlo más, uno a uno, comenzando por las damas, estoicamente, sin hacer ruido, os vais suicidando, bebiendo la cicuta y cayendo todos en la misma posición sobre el plato de Puerro gratinado. ¡Qué imagen! ¡Mártires gastrosóficos! ¡Ahogados en puerro! Y en medio de la mesa, una pequeña nota colectiva rubricando el suicidio. Un papelito doblado, manchado uno de sus bordes de veneno y escrito en él el maravilloso poema que Fernando ha dedicado a quien os habla. ¡Qué imagen, repito! Y, en vez de semejante acción, como si de vulgaras lectoras de Telva se tratase, os dedicáis meramente a hablar de la muerte, en vez de probarla. ¡Cobardes! ¿Acaso titubeó Sócrates? ¡Qué ejemplo habéis dado! Os eché de menos. Me hubiera suicidado con mucho gusto con vosotros. Espero hacerlo el próximo día.
Un abrazo.
Rafa