sábado, 11 de febrero de 2012

Carta del Vicepresidente

Queridas todos,

me alegra muchísimo comprobar que el IV Encuentro se ha cumplido, resistiendo a los múltiples embates del maligno, en quien Aliicia cree creer no creer. Aunque, siendo sincero, lo que realmente me hubiera llenado de orgullo hubiera sido la realización de esta ensoñación: en mi delirio os imaginaba a los seis en el restaurante sin poder hablar entre vosotros, hechizados, con la mirada perdida, esperando a Gordot  y a sus dos amigos, ponente y preponente. Y no pudiendo soportarlo más, uno a uno, comenzando por las damas, estoicamente, sin hacer ruido, os vais suicidando, bebiendo la cicuta y cayendo todos en la misma posición sobre el plato de Puerro gratinado. ¡Qué imagen! ¡Mártires gastrosóficos! ¡Ahogados en puerro! Y en medio de la mesa, una pequeña nota colectiva rubricando el suicidio. Un papelito doblado, manchado uno de sus bordes de veneno y escrito en él el maravilloso poema que Fernando ha dedicado a quien os habla. ¡Qué imagen, repito! Y, en vez de semejante acción, como si de vulgaras lectoras de Telva se tratase, os dedicáis meramente a hablar de la muerte, en vez de probarla. ¡Cobardes! ¿Acaso titubeó Sócrates? ¡Qué ejemplo habéis dado! Os eché de menos. Me hubiera suicidado con mucho gusto con vosotros. Espero hacerlo el próximo día.

Un abrazo.

Rafa

Y sigue el debate

Con referencia al chiste ¿Sabes la  historia  de aquel que  se  aventuró en  el desierto?.... Encontró petroleo!!!!, pero se  murió  de  sed... Así que  creo que el éxito en cualquier actividad depende de cuál sea  el objetivo y de qué  medios se usen para  su  obtención . Y ya  que  estamos  con  símiles.... Es como si  alguien que  se  presentase a un  campeonato de ajedrez, quisiera jugar con las  fichas  del parchís . Eso no sería  posible,  porque aunque se pudiera jugar a algo, no sería el ajedrez. Que eso puede ser  muy creativo, que se pueden inventar nuevas  reglas...., pero eso no es el ajedrez, porque así son las reglas  de todos  los  juegos, "tener  las  gafas  de  científico", como tú  dices,significa  que se aceptan  las  reglas  del juego y no sólo decirlo. "Otros  juegos" pueden ser  muy divertidos  y  muy sugestivos pero no son el juego de  la  Ciencia.

Lo que  creo, es que  la  Ciencia y el progreso que se deriva de sus avances, son imparables y no ha  existido, hasta ahora, ninguna  actividad que haya  obtenido sus resultados , También creo que el demonio no existe, si no lo creamos nosotros. La  Ciencia, como  todo  lo demás, depende del uso y los intereses  que  muevan  los  hilos. Por ejemplo, sabemos  que  muchas  enfermedades se  curarían , que muchos  niños  se  salvarían de  morir  cada  minuto, que las diferencias Norte-Sur se estrecharían si hubiese suficiente inversión económica en esas áreas o simplemente  una  distribución diferente.... Ojalá  los males de la humanidad, fueran que  alguien pueda  publicar o no, o que  para  entrar en la  Universidad haya  que ajustarse  a  unos  cánones o  a  otros...

Creo que  hay términos carentes  de sentido en el contexto científico, y me  parece  haber sido respetuosa al afirmar  que lo tienen  fuera  de  ese  contexto, como también  merece todo mi respeto el folclore y  lo ancestral. En cualquier  caso, me  parece llamativa  tu interpretación histórica sobre la ciencia , así como " la  conversión" y equiparación terminológica ("fe", "ortodoxia", "teólogos", "martires", etc...). Aunque desde luego no lo comparto, puedo entender ciertas similitudes.¿Que la  ciencia  se ha  convertido ahora en una especie  de  religión? algo en  lo que se  cree y se  tiene "fe". Es  verdad, pero ese "algo" es, afortunadamente ,inmanente e inteligible, (no sé  si nos  subiríamos   a un avión , o entraríamos  a  un  quirófano, sólo con los buenos augurios del profeta, el mago, o el sacerdote, por  mucho  que  sus rituales y  sacrificios nos conmuevan o impresionen).

Por  supuesto, espero aprender  mucho de ti sobre  Jung , Freud y el Psicoanálisis, considero, como ya  dije, que  hay muchos  elementos  valiosos y eficaces en ello, aunque pertenezcan a otra dimensión teórica. Y  a  mí, de hecho, todo eso me interesa, porque  en efecto, aportan explicaciones diferentes y complementarias .  En cualquier caso, tan sólo pretendía aclarar y compartir con vosotros lo que  me  sugería  tu  artículo, sobre la Ciencia, jugar con el  equívoco no lo considero justo y si me  apuras  tampoco sano, especialmente para  aquellos que como yo, hemos elegido "un juego", que  no es  otro, afortunadamente, que  la  Filosofía.

En fin, creo que el  debate  siempre es enriquecedor, y nos ayuda  a  conocernos a  nosotros mismos y a  los  demás, así que espero seguir aprendiendo de ti, contigo y con los  demás también ;-).
Autor: Alicia Cano

Otras consideraciones

  • No estoy en contra del método científico y creo que con él se han logrado avances muy rigurosos. Pero eso no quita para que este método y la frontera de la cientificidad que delimita, como cualquier otro método, nos obligue a dirigir la mirada sólo hacia los objetos que caben en sus procedimientos. Es como aquel chiste de vascos que salen a coger setas y desprecian el rólex que se encuentran porque no forma parte del presupuesto de su salida al campo. El actualmente llamado método científico nos dice en qué parcela debemos buscar, qué gafas debemos ponernos y qué clase de objetos debemos encontrar. 
  • En realidad, nada de esto es reprochable si se da uno cuenta de lo que está haciendo. Desde mi punto de vista, el problema surge cuando se pretende que esa parcela, esas gafas y esos objetos lo son todo y que  quien busca de otra manera se pierde en lo ancestral o en el folclore pasado de moda. 
  • Por eso, no me convence tu defensa del método, en la que recurres incluso a los mártires de su pureza y al idealismo positivista del progreso de la humanidad. Con un esquema muy parecido, suelen explicar las religiones que triunfan sus avatares históricos. También es curioso que esas religiones, incluso cuando ya dominan el mundo, siguen considerando que están en peligro y que en cualquier momento sus ancestrales enemigos pueden renacer: lo mismo me parece que sucede ahora con la ciencia y con sus defensores, pues creen estar en peligro y que la religión contra la que han luchado puede revolverse, cuando lo cierto es que el cientificismo domina el mundo a sus anchas y que los perseguidos –bien que de manera no cruenta, en algo teníamos que progresar- no son hoy precisamente ellos. ¿O es que, por ejemplo, hay alguien que pueda entrar en la universidad por una puerta distinta a esa o publicar cosas en revistas de “reconocido prestigio” que se aleje de esos presupuestos? 
  • Respecto a Jung y Freud, creo que Freud se creyó científico en una época en la que los rigores del método no eran tan extremados y bastaba con esa fe en la naturaleza y en el progreso que tú también proclamas. Después, los “teólogos” de la ortodoxia científica fijaron el canon y establecieron el “camino” con precisión, lo que ha obligado al psicoanálisis a retirarse hacia la hermenéutica o bien a establecer la especificidad clínica de su método o las secuencias contrastables de los procedimientos terapéuticos. 
  • Jung era, en ciertos aspectos, metodológicamente más científico que Freud. Yo le defiendo en cuanto que me parece que, con mayor o menor éxito, intentó agrandar el campo de la investigación y rebasar el naturalismo de la época, lo que no quiere decir que se crea necesariamente  que haya otra cosa que la naturaleza. El habló de arquetipos, de inconscientes colectivos, viajó por el mundo como un antropólogo, etc. Cuando me refiero a su educación en un ambiente de pastores protestantes, no lo hago para mostrar una inmunización contra el reduccionismo, pues el reduccionismo se da en todas partes, no sólo en la ciencia. Pero sí creo que alguien abierto a las experiencias, como Jung, tenía que haber recibido de su ambiente familiar la sensación de que lo que mueve al hombre, llamémosle alma o mente, no podía reducirse a pansexualimo o a la mecánica de las metapsicología de Freud. Dicen que uno de los acicates de la investigación en psicología en Europa proviene de la desacralización de la confesión llevada a cabo por el protestantismo, que cambió el régimen de atribuciones de los individuos (la procedencia propia de los actos, la culpa, etc.). La familia de Jung, acostumbrada a escuchar a otros seres humanos en un régimen relativamente abierto, debía saber de qué iban las miserias humanas y a tener teorías implícitas al respecto.
Autor: Jesús A. Marcos (Presidente de SOFIGMA)

miércoles, 18 de enero de 2012

UN PELIGRO PARA EL MÉTODO: JUNG CONTRA FREUD


No hace mucho, comentaba en el blog de “Los onirocríticos” la valentía de un director que se había atrevido a retomar la cuestión del misterio en su última película. Me ha sorprendido volver a ver tan pronto que otra obra cinematográfica se adentra en ese escabroso terreno, aunque desde situaciones muy diferentes. Me refiero a Un método peligroso, que intenta dar cuenta de la juventud de Jung, azotado por una pasión sexual poco honorable y por las turbulencias de su relación con Freud, maestro y, a la vez, rival intelectual.

Si nos dejáramos llevar por la primera impresión, diríamos que el relato que se desarrolla en la pantalla pretende desacreditar a un Jung que en su vida privada se presenta dominado por unos impulsos que se empeña en rechazar en la teoría psicológica. Freud tendría, así, ostensiblemente razón y su planteamiento naturalista-cientificista sería el adecuado.

Sin embargo, no creo que esta primera impresión deba mantenerse.

En realidad, Jung es tratado de manera compleja, ya que, aunque se muestre su proceder incoherente, no se le denigra por ello. Muy al contrario, se insinúa la presencia en él de rasgos heroicos de resistencia y grandeza. Es como si dijese: a pesar de todo, a pesar de que yo mismo pudiera validar, por la bajeza de mis pasiones, la teoría freudiana, yo me resisto a ello, creo que tiene que haber algo más, creo que debe haber otras puertas. Más allá de sus miserias, el Jung de la película, como seguramente el real, procedente de una familia de pastores protestantes, no cede ante el naturalismo de la época, al que ve reducir la complejidad del alma humana a vectores cartesianos o a fuerzas mecánicas.

El método de Freud era peligroso, como nos dice el título. Pero era peligroso no sólo por su forma específica de desmontar los engaños del psiquismo humano, sino también por limitar o cerrar, como la ciencia en general, el campo de la investigación.

Y es que el conjunto del método idolatrado desde la modernidad es también un peligro. Por un lado, sirvió para dar cuenta de una época que periclitaba, pero, por otra, abrió el camino de nuevas sujeciones. El método, cualquier método, no es independiente con respecto al conjunto de las circunstancias en la que se concibe. Se procede de una cierta manera porque, previamente, se cree que sólo determinadas cosas merecen la pena de ser estudiadas. Es decir, que el método depende del modelo o paradigma en el que está inscrito y, en el caso del método llamado científico, depende del paradigma naturalista, que es una determinada manera de ver el universo, pero no la única manera.

Freud, paradójicamente, ha perdido prestigio con el tiempo, víctima de sus propias pretensiones. Si bien su modelo del mundo se ajusta a la concepción naturalista, no basta con ello para que sea reconocido como científico: su debilidad residía, precisamente, en el método no científico o contrastable que utilizaba. El naturalismo de Freud es especulativo, no metodológico. Quizá, si hubiera podido adivinar el declinar de su estrella como científico, se hubiera mostrado más abierto a las pretensiones del joven discípulo, al que llegó a ver como el príncipe de la corona del movimiento psicoanalítico.

La película posee profundidad e interés dramático –esta vez no he visto salirse a gente de la sala- y está bien documentada. Actividades y episodios como las mediciones que realiza Jung de los tiempos de reacción ante palabras inductoras, los desvanecimientos de Freud o el intercambio de sueños entre los analistas que navegan hacia América son detalles verídicos. Hay también cierta simplificación, pues Freud no era tan cientificista ni tan cerrado: se interesó por temas como la telepatía, que en la cinta sólo se adjudican a Jung. Pero de simplificaciones vive la cultura. Al fin y al cabo, yo mismo he reducido a los dos personajes a un esquema para permitirme enfrentarlos.
Autor: Jesús A. Marcos (Presidente de Sofigma)